ALTO! DECLARA UNA INFANTA

El martes pasado cogí un avión y me planté en Palma de Mallorca. Mis padres están aquí pasando una temporada y me apetecía venir a verlos y estar con ellos unos días. Sabía que mi visita a la isla iba a coincidir con la declaración de la Infanta Cristina ante el juez Castro y yo, curiosa como ninguna, no me lo iba a perder.

Días antes al famoso 8 de febrero ya fui a explorar la zona, sabía que el día D no me iban a dejar acceder (soy periodista, pero no estaba de servicio, por lo tanto no tenía acreditación) así que me acerqué el jueves. También me apetecía ir a saludar a mis compañeros de Mediaset que estaban allí trabajando. Sólo los conocía de verlos a través de la pantalla o de escuchar sus voces a través del “pinganillo” (técnicamente llamado auricular de retorno) cuando entran antes que yo en un directo. De paso, sabía que me enteraría de algunas cosas más, tenían información que yo no sabía y eso “mola”.

Allí me planté y lo primero que pensé fue: Vaya, la rampa más famosa de todos los juzgados de España no es tan larga como creía. 50 pasos contados. Se veía claro que la Infanta no iba a darse semejante trote, con 12 o 14 tuvo bastante…

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Aquello, más que los juzgados de Palma, parecía la Puerta del Sol. Turistas llegados de todos lados, cámara en mano, inmortalizaban el momento. Yo creo que la rampa debe salir en más fotos que la Torre Eiffel o el Coliseo romano. Expectación máxima. Entre medios de comunicación y curiosos, allí había más ambiente que en la Rambla barcelonesa.

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Y después de aquella primera toma de contacto con la zona… Llegó el sábado. Me levanté temprano y tranquilamente me fui hasta la Avinguda d’Alemanya de Palma. Allí, avancé hasta que los cordones policiales me lo permitieron y me senté, con mis padres, a tomar un café en un bar que ese día, así sin más, ofrecía “desayuno-espectáculo” a sus clientes. Nunca me había tomado un café con leche rodeada de tanta policía. Eran las 10.45h cuando pasó por la esquina el coche de la Infanta. Yo apenas lo vi, pero por los abucheos supe perfectamente que era ella. Una vez entró dentro de la sala, la cosa se tranquilizó. Fuera, en la calle, manifestantes (con diversas causas por las que protestar) seguían gritando sus consignas. Sinceramente, a mí me sorprendió que, con la que está cayendo, hubiera tan poca gente.

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Era temprano todavía y había que aprovechar el día, así que después del “momento llegada de la Infanta”, me fui a dar una vuelta por Palma y aparqué el tema por un rato. Poco después me llamó un amigo por teléfono. Había viajado con la Infanta en el avión, desde El Prat hasta Son Sant Joan, y había conseguido captar algunas imágenes del momento. Me contó cómo había sido el viaje y hubo cosas que me dejaron atónita. Resulta que, nada más entrar al avión, un Guardia Civil le hizo guardar el teléfono móvil que llevaba en la mano. Vamos hombre, pero dónde se ha visto? A caso un móvil es un arma de destrucción masiva?

Una vez el avión hubo despegado, durante todo el vuelo, no se apagó la señal luminosa de los cinturones en ningún momento y los servicios permanecieron cerrados, “supuestamente” para evitar que la gente se levantara de sus asientos. Perdón?? Es un vuelo regular señores!! Que vaya una infanta sentada en primera fila va a impedir que yo pueda ir al baño?? (Y suerte que Barcelona-Palma es poco más de media hora). Eso, teniendo que soportar, además, que los escoltas no dejen de observar todo lo que haces, porque cualquier movimiento te convierte en sospechoso. A ver, un momento, tengamos presente que si hay alguna presunta culpable de algo en ese avión es la Infanta, que va a declarar ante un juez, no a tomarse unas copas con los amigos!!

Pues bien, después de conocer estos detalles, de saber que 200 agentes han velado por su seguridad, que se han cortado calles de una ciudad, que se ha entorpecido la vida diaria de los ciudadanos… Sí, me ha quedado muy claro que la justicia es igual para todos. Una Infanta ha ido a declarar cuando un juez la ha citado. Menudo detallazo, no? Eso teniendo en cuenta que presuntamente su marido, “SIN QUE ELLA LO SUPIERA”, ha robado un montón de dinero público. Pero de momento, quien sigue pagando y poniendo dinero en este caso somos TODOS. Ah, y aún así, los ciudadanos de a pie, somos los sospechosos, los que los escoltas miran de reojo.

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Diario de Mallorca

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